Las palabras poéticas – Por Enrique José Milani

Muchas personas, seguramente, han leído (y leen) poesías, y se han encontrado con palabras cuyos significados ignoraban. Si tenían un diccionario a mano y ganas de hacerlo, habrán recurrido a él para dilucidar los enigmas, o no. Pero esto no fue obstáculo para que gustaran lo que, en general, encerraban los versos. Si la poesía era de calidad- porque hay de todo en esta viña- sin dudas se habrán sentido envueltos en la atmósfera de imágenes, alusiones, símbolos, representaciones, ideas, creatividad de su autor o autora. Volviendo a esos términos difíciles o raros, suelen ser llamados “palabras poéticas”. Son vocablos poco comunes y rodeados de un aura especial, y hasta con origen distinguido desde el momento que proceden de idiomas prestigiosos como el griego o el latín; o de lenguas de otros países, portadoras de culturas milenarias. También están las voces de origen humilde que poco a poco y por obra de los poetas se han empinado hasta alcanzar los estrados superiores del decir poético como las siguientes: báculo, orbe, yermo, linde, lauro, corcel, lebrel, can y cientos de otras. Hay poetas sencillos y no por esto menos profundos, musicales, atrayentes; en una palabra: eximios, como José Pedroni, Antonio Machado, Gustavo Adolfo Bécquer, por nombrar algunos. De A. Machado son estos conocidos versos: “Yo voy soñando caminos/ de la tarde. Las colinas/ doradas, los verdes pinos,/ las polvorientas encinas!…// ¿A dónde el camino irá?/ Yo voy cantando, viajero/ a lo largo del sendero…/ (`La tarde cayendo está’)”… Otros son más encendidos y exquisitos; tienen un vocabulario selecto, difícil y hasta rimbombante. Leopoldo Lugones, por ejemplo, pertenece a esta clase, y entonces para leer la mayoría de sus composiciones hay que estar con el diccionario en la mano. Refiriéndose a un toro dice: “Y la luz en el ágata del cuerno/ fija un bélico lustre de arma corva”, o para describir los fuegos artificiales expresa: “Y esa gloria/ giratoria/, derrochada en vivos cromos,/ parece una noria/ que rútiles gnomos,/ fuesen vertiendo en inmensas dosis/ de apoteosis”. Y en “La granizada”: las piedras “Rechiflan el vidrio que frágil tirita,/ y escupen chisguetes de saltada espita”.

Centrándonos en el tema de la nota, son consideradas palabras poéticas, por ejemplo: engastar, perícopa, venero (manantial de agua), preludio, albores, véteras (antiguas), prístino(a) (primero, original), desgaire, insenescente, arcano, vorágine, acerino, alígero (y unos cuantos terminados en -gero o -fero) belígero, armígero, aurífero, lucífero), coruscar, céfiro, nemoroso, parca (muerte), proceloso, rielar, rutilar, veste, vate (poeta, con la misma raíz que “vaticinar”, porque él, de alguna manera entrevé el porvenir), mirífico, pletórico, cimbreante, torvo, olifante, empavesar, yerto, quimera, sigiloso, diadema, paladín, célico, filomena, que en realidad debiera decirse filomela, porque es un compuesto de filo: amante, y melos: música. Así se le llama poéticamente al ruiseñor, etc. Desde la noche de los tiempos, hemos recibido innumerables voces que han llegado hasta nosotros a través de dos medios: la voz y la escritura. Todos nos hemos enriquecido con esa herencia, a la vez que la engrandecemos con nuestro aporte neológico, es decir, con la invención de nuevos vocablos. Valiéndose de ese acervo recibido, los poetas, para referirse, pongamos por caso, a la esfera celeste que rodea a la tierra, es decir, el cielo, la llaman: éter, empíreo, Edén, elíseo, Campos Elíseos o Elisios, nirvana, Olimpo, paraíso, morada celestial; y su contrario, el infierno, es el averno, orco, tártaro, báratro, erebo, Hades, gehena, Laguna Estigia. El mar es el ponto, océano, piélago; el Sol es nombrado Febo, astro rey, Apolo, Helios, y Dios es el Supremo Hacedor, Altísimo, Rey de reyes, Señor de los Ejércitos, Excelso, Sumo Hacedor, Gran Arquitecto, Causa Prima, Alfa y Omega, Jehová, Mesías, Alá, Adonai, Yahvé. “Que al Sumo Hacedor le plugo”- dice Núñez de Arce, y aquí aparece un verbo difícil “plugo”, que es una forma del verbo “placer”: plugo equivale a plació, plega a plazca, pluguiera, pluguiese, pluguiere a placiera, placiese, placiere. La nota podría extenderse indefinidamente, pero consideramos que el intento de trasmitir, siquiera sea, una somera idea sobre lo que son las palabras que forman parte de las alforjas de la mayoría de los creadores de poesía, se ha cumplido.

El prestigio, la grandeza y la trascendencia de un pueblo

El prestigio, la grandeza y la trascendencia de un pueblo, de un distrito, o de una ciudad, puede medirse de varias formas y con distintos patrones: cantidad de habitantes, estructura edilicia, nivel de vida, envergadura comercial, productividad industrial, y/o agrícola, condición social, prestación sanitaria y educativa, etc.

Pero lo principal y notorio de una población es sin duda alguna su: Cultura; nada hay más relevante que un pueblo culto: de cultura general y de cultura propia.

Nuestra ciudad, Florencio Varela, siempre supo destacarse por la cultura de sus habitantes mientras su demografía estaba en un nivel de ciudad apacible y pueblerina, y mucho menos progresista que lo que es realmente en la última década, donde la afluencia masiva de habitantes de distintos sectores del conurbano y del país se alojó como una avalancha, modificando los patrones establecidos décadas anteriores.

La falta de recursos destinados a cultura y lo poco acertado para manejar en estas nuevas condiciones esta problemática, creó una situación negativa y comprometida, que por suerte ha comenzado a revertirse desde hace no mucho tiempo atrás.

Nuevas autoridades en puestos estratégicos, con una visión desde otra óptica, y con la férrea voluntad de desarrollar a fondo lo máximo, con recursos escasos o mínimos, pero trabajando con eficiencia y eficacia denodada, y con costos y gastos mesurados, ha dado sus frutos en un lapso tan breve de tiempo que realmente sorprende, porque no estaba en las expectativas de nadie.

La ciudadanía lo ha notado, ha captado el provechoso cambio, y ha respondido positivamente a las convocatorias, aunando esfuerzos de manera admirable.

Muchas veces parece que lo que se invierte en cultura: dinero, esfuerzo, tiempo, elementos y voluntad, daría mejor resultado invirtiéndolo en productividad, bienestar y confort; pero ¿de que sirven éstos atributos, si no se tiene la cultura necesaria para disfrutarlos con plenitud?

Un pueblo Culto es siempre ampliamente superior a un pueblo Rico.

En fin, es destacable y por ello digno de felicitar a quienes han puesto la mira de sus esfuerzos en tratar de levantar el nivel cultural de la población, de la ciudadanía, para por lo menos poder estar a la altura de otros distritos que han tenido esa visión bastante tiempo antes.

Sólo faltaría un mayor identificación, valorización y apoyo a los verdaderos artistas locales, promocionando sus trayectorias, mostrando sus obras, poniéndolos en un pedestal destacado para que sean el ejemplo a seguir por cientos de jóvenes varelenses, quienes pueden copiar estos modelos, y ser su vez ser en el futuro no muy lejano, ellos mismos los representantes de una Identidad Cultural, que sea clara, precisa y ejemplificadora, que nuestro pueblo está necesitando tanto.

Roguemos que este esfuerzo actual sea permanente, sostenido y en crecimiento, para que las nuevas y futuras generaciones se sientan orgullosas de vivir en un lugar que es progresista, que está bien estructurado y que tiene un buen nivel  económico, pero que por sobre todas las cosas es un Pueblo Culto.

JULIO JORGE FARAONI

La Verdadera Poesía

Poesía es todo aquello que nos deleita el espíritu al traer sensaciones gratas a nuestros sentidos, como puede ser ver una interesante pintura, una bien lograda fotografía o un perfecto dibujo; escuchar un afinado instrumento musical, el grave y acompasado ruido de la lluvia o el delicado canto de las aves; un niño riendo, una bandera flameando o un campo sembrado de flores; hay miles de ejemplos, sólo que hay que tener la sensibilidad necesaria para poder apreciarlos debidamente.

Cuando se trata de literatura, de la poesía escrita, se deben considerar ciertas apreciaciones; en la actualidad está de moda escribir poesía con versos sueltos o independientes, carentes totalmente de medida y de rima, que se ha dado en llamar “poesía libre”, y que no es nada más ni nada menos lo que en realidad se denomina “prosa poética”, o sea una escritura en prosa dispuesta en versos como una poesía convencional, y cuyo valor se centra en la fluidez y calidad con que se ha escrito y el vuelo poético de lo que trata de expresar, reflejar o plasmar.

Pero creo, a mi modo de entender, que la verdadera POESIA, sigue siendo la clásica, o como se dijo antes: la “convencional”, y que es aquella que se ajusta perfectamente a reglas determinadas para la versificación regular, o sea escrita en versos perfectamente medidos, rimados según fórmulas preestablecidas, respetando las acentuaciones correspondientes para establecer la musicalidad y el ritmo, y dispuestos en estrofas con total simetría.

Si bien la poesía “libre” como la “clásica” tienen por estos días similar valor literario, se debe tener en cuenta que la primera puede ser escrita con mayor facilidad ya que se trata solamente de prosas estilizadas; en cambio la poesía regular conlleva todo una temática por el hecho de tener que respetar pautas a las que se deben ajustar las escrituras, donde lo que se quiere expresar se encasilla en espacios reducidos y acotados de tal manera que muy pocos logran plasmar positivamente las ideas, los pensamientos, las sensaciones, los afectos.

Los grandes poetas de todos los tiempos fueron quienes lo lograron, y por eso están aún entre nosotros a través de sus escrituras, que han perdurado porque fueron escritas con perfecta regularidad;  recibiendo el premio, estos verdaderos trovadores, con el reconocimiento del valor de sus obras después de tanto tiempo transcurrido.

JULIO JORGE FARAONI

El cuento breve

El cuento breve debe tener, a mi entender, un prólogo  breve; por lo tanto no voy a extenderme más allá de lo necesario sobre este género de la literatura que es muy cómodo para el lector, que hoy en día no dispone del tiempo necesario como para leer, por ejemplo una novela, que le demandaría varias horas o debería interrumpir varias veces, perdiendo el encanto de la continuidad como sería necesario para disfrutarla plenamente.

Pero igual que un cuento normal o una novela, este tipo de escritura debe contener: un texto claro y expresivo, personajes casi normales, un contenido atrayente, un argumento sencillo pero creíble, un desarrollo atrapante, un remate sorpresivo en el último párrafo, casi en los últimos renglones y además una conclusión a manera de ejemplo o moraleja, lo que le dará un carácter de memorable para quien lo haya leído.

Soy de los que creen firmemente en lo expuesto anteriormente, por eso, trato de escribir mis modestos cuentos breves de esa manera; sé que en algunos lo he conseguido, en otros tal vez no; pero me expongo al juicio del soberano lector que es quien en definitiva dará el fallo inapelable sobre las condiciones en que estas pequeñas obras quedarán plasmadas en su memoria o serán olvidadas instantes después de haber disfrutado de ellas.

Creo también que existe una fina y sensible afinidad entre el autor y el lector, a pesar de los tiempos y las distancias; por lo tanto quienes comprendan los mensajes de amor  y de esperanza que pretenden mis cuentos transmitir, serán sin lugar a dudas amigos de este humilde escritor, que cimentó sus escritos en un verdadero amor de abuelo y con la secreta esperanza de llegar al corazón de quienes los lean.

JULIO JORGE FARAONI