LA POESÍA GAUCHESCA
Enfocaremos la visión hacia el inicio de la poesía netamente argentina, criolla, gauchesca; y que según datos históricos que nos han suministrado, comienza desde antes que estas tierras fueran una patria, la Patria nuestra.
El primer poema. Allá por 1777 se escribía por primera vez un poema gauchesco cuyo título, que seguramente nos parecerá excesivamente largo, era el siguiente: Canta un guaso en estilo campestre los triunfos del excelentísimo señor Don Pedro de Cevallos. Se debe aquí aclarar que el término “guaso”, al igual que “gauderio” o “camilucho”, designaba, por entonces, al hombre rural de nuestras pampas, el que luego se llamaría “gaucho”.
El autor del poema mencionado se llamaba: Juan Baltazar Maciel y era oriundo de Santa Fe, nacido el 8 de setiembre de 1727. Graduado de doctor en Teología y Derecho, se ordenó sacerdote.
En 1772 fue nombrado rector de la Escuela de Gramática y en 1783, del Colegio de San Carlos; seis años antes había escrito el poema que nos ocupa, dedicado al progresista virrey Pedro Antonio de Cevallos, que gobernó estas tierras entre los años 1776 y 1777.
Contenido. Diremos que en él se canta la victoria del virrey Don Pedro de Cevallos, sobre los portugueses que habían invadido Río Grande (hoy Río Grande do Sul, Brasil) y la banda Oriental (hoy Uruguay). El 15 de octubre de 1777, Cevallos entraba victorioso en Buenos Aires y Maziel lo recibía con su poema.
Diez años más tarde, durante el virreinato de Nicolás Francisco del Campo, comenzó el drama del poeta. Dejándose llevar por las mentiras de quienes envidiaban a Maziel, Del campo le retiró el cargo de rector del Colegio de San Carlos, y lo hizo prisionero en Uruguay.
En la cárcel el poeta le escribió al rey de España, en la que narraba la injusticia que padecía.
La admirable redacción de Maziel llegó a conmover al monarca, quien ordenó su inmediata liberación y la restitución de los cargos que se le habían quitado. En enero de 1778, llegó la orden real a Montevideo, pero el poeta había fallecido dos días antes: el 2 de enero.
El tiempo se encargó de vengar a Maziel, ya que hoy en día no se recuerda al virrey Del Campo, pero si al iniciador de nuestra poesía gauchesca.
Curiosamente, el primer verso de aquel poema inicial es el mismo con que casi un siglo después comenzara la máxima creación de ese tipo de poesía, el Martín Fierro, de José Hernández.
Este verso, dice textualmente: “Aquí me pongo a cantar”.
Predecesores. Al poema de Maziel, que era sin dudas un canto épico, tal vez le hayan sucedido otros, publicados o no, pero sin notoria trascendencia, hasta mediados del siglo siguiente donde comienzan a aparecer trabajos varios de este estilo, culminando con la mayor obra, como ya se dijo, que fue el Martín Fierro, publicada en el año 1872, escrita por un poeta, periodista y soldado: José Hernández; nacido en el año 1834, y fallecido en 1886; y que fuera completada en 1876 con una segunda parte: La Vuelta de Martín Fierro.
Podemos citar como antecedente, que en la época que había nacido el poeta Hernández, Buenos Aires era el centro político de mayor importancia en todo el país. Los episodios más insólitos, las luchas más sangrientas, y las persecuciones a los indígenas mostraban que esta ciudad era una cueva política; las miserias más grandes y las ambiciones desmedidas reinaban en la capital.
Entre los predecesores a la obra que nos ocupa podemos mencionar a Hilario Ascasubi, nacido en la provincia de Córdoba en el año 1807, y fallecido en Buenos Aires en 1875, autor de Paulino Lucero y Aniceto el Pollo, donde utiliza el lenguaje de las pampas; pero su mayor obra fue sin dudas Santos Vega o Los Mellizos de La Flor, extenso poema basado en la leyenda popular del personaje homónimo, y un vigoroso cuadro de la pampa y sus gauchos a fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX.
Influencias. Entre los predecesores de Hernández, también podemos citar a Antonio D. Lussich, nacido en el año 1848, autor del poema Los Tres Gauchos Orientales, que sin duda no tiene el nivel de Martín Fierro, diferenciándose notoriamente por el contenido social y donde el autor no emplea la famosa sextina octosilábica que es creación de Hernández; pero a pesar de las diferencias que los caracterizan, los versos de Ascassubi, que fueron publicados seis meses antes que el Martín Fierro, que además era su amigo, tuvieron la virtud de inspirar a Hernández, lo que se demuestra en la similitud de algunos temas gauchescos como por ejemplo: la invocación a Dios, la referencia a la naturaleza, y los males sufridos por los hombres de la pampa de aquellos tiempos. Muchos de los versos de Lussich aparecen casi textualmente en el Martín Fierro.
Es evidente que Hernández conocía la obra de su amigo Antonio Lussich. Si bien éste, como Ascasubi, influenciaron en el trabajo de Hernández, en ninguno de ellos afloró la vastedad del contenido social y humano destacado en la obra de éste.
También Estanislao del Campo había dado a conocer un poema de su autoría titulado: Fausto, homónimo de la famosa ópera clásica, que narra las aventuras de un gaucho, y que fuera muy bien recibida en la época; si bien técnicamente no tenía las virtudes de la obra de Hernández, logró llevar la corriente gaucha a los hombres de la ciudad, en versos donde el lenguaje era el de los gauchos.
Por la preocupación social, tal vez sea Del Campo, el que más se pueda acercar a la obra de Hernández.
EL MARTÍN FIERRO
La máxima expresión. Es sin duda el Martín Fierro, de la literatura gauchesca conocida hasta nuestros días, la mayor y más trascendente obra.
Los críticos del poema mencionado, han interpretado esta obra de distintas maneras. Algunos opinan y creen que es una creación literaria pura. Otros se inclinan a pensar que la obra pertenece al género épico; otros, como Borges, sostienen que es una novela, donde el personaje central es un gaucho perseguido en las instancias posteriores a la guerra por la independencia y las guerrillas civiles internas. Pero tal vez lo más acertado es ubicarla como un vehículo apropiado para comunicar la idea de injusticia, mostrando la realidad de la pampa y del gaucho, creando una visión del hombre de ese tiempo que lucha por los derechos inherentes a la personalidad humana.
Conviene destacar que el tema de la obra tiene una relación directa con la época en que vivió Hernández y que está escrita dentro de las presidencias de Sarmiento y Mitre, lo cual muestra una intención política y social. A pesar del concepto del autor, la obra no carece de belleza estética, sino que es la unión entre lo poético y lo social, porque a través de lo poético se realiza una defensa de los valores del hombre, revelando el interés de contar la vida de un gaucho transformándolo en un símbolo de la argentinidad, denunciando la injusticia y describiendo a la pampa, sus tradiciones y sus habitantes.
El autor. Veremos seguidamente, todo lo concerniente a la vida y personalidad de José Rafael Hernández Pueyredón, más conocido por José Hernández, nacido el 10 de noviembre de 1834, en Chacras de Pedriel, hoy partido de San Martín de la provincia en Buenos Aires. Pasó sus años de juventud en el campo, donde asimiló las costumbres de los gauchos.
En 1852 cae Rosas vencido por el General Urquiza en la batalla de Caseros, el país toma otro cauce; Hernández abandona el campo para residir en la ciudad. Su vida se reparte entre la actividad periodística, política y militar, pero permanece interesado en el mundo gauchesco al que frecuentaba, por lo cual comienza a gestar la idea del personaje Martín Fierro.
Finalmente el libro aparece publicado en 1872, su primera parte; completando su segunda parte en el año 1876. En 1879, se editaron 20.000 ejemplares que se agotaron rápidamente en el interior del país, recibe además la entusiasta aprobación de los escritores de la época, pero por otra parte la indiferencia del público en general.
En 1881, siendo funcionario público escribe y publica un nuevo libro: Instrucción del Estanciero, que fue muy elogiado, creciendo enormemente su popularidad.
El 17 de agosto de 1885, estando aún en la función pública, enferma y muere, faltándole sólo días para cumplir 52 años.
Cien años después. En el año 1777 se escribía por primera vez un poema gauchesco cuyo título era: Canta un guaso en estilo campestre los triunfos del excelentísimo señor Don Pedro de Cevallos, y que su autor se llamaba: Juan Baltazar Maciel, que era de Santa Fe, nacido el 8 de setiembre de 1727.
Y casi cien años después se escribía la mayor obra poética gauchesca que fue el: Martín Fierro, publicada en el año 1872, obra de un poeta, periodista y soldado llamado José Hernández; nacido en el año 1834, y fallecido en 1886; y que fuera completada en 1876 con una segunda parte titulada: La Vuelta de Martín Fierro.
Luego de la aparición de este poema muy pocos se atrevieron a escribir una obra similar, porque se respetó siempre la gran creación de Hernández, que ha sido y será, como se dijo, la mayor obra poética en lenguaje gauchesco con alto contenido social, por lo menos de los tiempos en que fue escrita. Hubo ciertos ensayos que no tuvieron trascendencia ni literaria, ni política, ni social.
Libro homenaje. La obra de Hernández, que era apasionante, generó la idea de crear un personaje y utilizando la famosa sextina octosilábica, o sea la estrofa de seis versos con ocho sílabas métricas, creada por él para su Martín Fierro, comenzar a escribir un poema que fuera un homenaje a los cultores de la literatura gauchesca: Maziel, Ascasubi, Hidalgo, Lussich, Hernández, Del Campo y Obligado, entre otros.
A casi ciento veinte años de la aparición del Martín Fierro, por el año 1990, comencé con la tarea de escribir una obra en homenaje a los poetas de la literatura gauchesca: El Regreso del Payador.
A un puñado de poesías criollas que había compuesto a manera de consejos para mis hijos, que ya eran adultos, y para mis nietos que comenzaban a llegar al mundo, se me ocurrió agregarles el relato de un payador de aquellos que transitaron las pampas en la época de la colonia, más tarde en la lucha por la independencia, y finalmente en la guerra civil interna; este cantor-relator, retenido más de cien años en las páginas de los libros de literatura gauchesca, llegaría a nuestros días enviado por el Señor para aliviar a la gente de los padecimientos que se sufre en nuestros días, brindándoles sus canciones; y a su vez describiría como el hombre vive en la actualidad, su forma de proceder, sus costumbres; comparándolo siempre con la forma de actuar y comportarse en aquellos tiempos, cien años atrás.
Las poesías escritas en el lenguaje corriente de nuestros días, marcaron el lenguaje que debía tener el relato, que además debería ser perfectamente comprensible por los niños, porque estaba destinado a mis nietos, y secretamente abrigaba la esperanza de que se pudiera utilizar en las escuelas, como un libro de lectura, introducción a la poesía tradicionalista, y además, reivindicatorio de los valores humanos.
Eran varias las modestas pero firmes metas que tenían las escrituras de esta obra, que finalmente pude concluir, editar y presentar.
JULIO JORGE FARAONI
*****
Julio Jorge Faraoni
El Regreso del Payador
Poema telúrico popular
Obra Declarado de Interés Legislativo Municipal por unanimidad, Resolución Nº 37/08, del Honorable Concejo Deliberante de Florencio Varela, 10 de julio de 2008.-
*****
PRÓLOGO
La presente obra poética está dirigida a brindar un humilde homenaje a los grandes escritores de la Literatura Gauchesca, como Bartolomé Hidalgo, Hilario Ascasubi, José Hernández, Estanislao del Campo y Rafael Obligado, entre otros.
Está destinada a los hombres de nuestra historia, que forjaron la Patria con tesón y con trabajo; y además a los ciudadanos de hoy que conforman la gran masa de argentinos que luchan silenciosamente para sostener a nuestra amada Nación.
Pretende también, dentro de sus posibilidades, lograr un modesto aporte a la cultura general y rescatar los valores tradicionales de nuestro pueblo, mediante un puñado de pensamientos vertidos con la más sana intención, empleando un género literario extinguido en nuestros días.
Sus estrofas, sextinas octosilábicas, se agrupan en dos partes de veinticinco capítulos cada una, donde al final de los mismos el relato se combina con una poesía o “canto”, que manifiesta una reflexión, enseñanza o consejo.
La narración describe como un payador que regresa por obra de la imaginación desde la
época de la colonia, la revolución, la guerra civil, las fronteras, a nuestros días, asegura ser un enviado del Cielo, para cumplir el “mandato” de consolar y alegrar a la gente con sus canciones, aliviando el sufrimiento que padecen.
Sus criticas al modernismo contrastan permanentemente con elogios a la forma de vida actual, y sus recuerdos evocan los días difíciles vividos en el pasado, tan cargados de emotivas situaciones.
En esta interesante composición se destaca la figura del “cantor-relator” con su tenacidad para cumplir con lo “encomendado”, en un terreno sumamente difícil debido a las enormes distancias transcurridas a través de los tiempos.
Considero al libro un entretenimiento sano, elogioso de los valores humanos y de los elementos tradicionales; ameno en su narrativa por lo fácil de su expresividad y en la intención de abonarlo con un fino toque de humor.
Declaro como autor de la obra que no existen segundas intenciones, ni tendencia política alguna, como tampoco alusión a personas o instituciones; sólo pretendo rescatar los valores indicados en los primeros párrafos del presente comentario.
Julio Jorge Faraoni
*****
POETAS CITADOS
Bartolomé Hidalgo: Poeta uruguayo (1718-1823), uno de los iniciadores del poema narrativo en lengua gauchesca. Se destacan en sus obras los cielitos y los diálogos patrióticos, entre estos últimos la celebrada Relación que hace el gaucho Ramón Contreras a Jacinto Chano, de todo lo que vio en las fiestas mayas de Buenos Ayres, en el año 1822.-
Hilario Ascasubi: Poeta argentino nacido en la provincia de Córdoba y muerto en Buenos Aires (1807-1875). Autor de Paulino Lucero y Aniceto el Gallo, nombres que usó también como seudónimos. Su obra maestra es Santos Vega o los Mellizos de la Flor, extenso poema basado en la leyenda popular del personaje homónimo y vigoroso cuadro de la pampa y sus gauchos a fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX.-
José Hernández: Poeta argentino nacido en 1834 en San Martín, Provincia de Buenos Aires y muerto en la Capital Federal en 1886.
Es el máximo representante de la poesía gauchesca, que le debe el hermoso poema Martín Fierro, popularísimo en Hispanoamérica y considerado como la obra maestra del género. En un estilo lleno de ingenio, naturalidad y sencillez, brinda no sólo un cuadro de la pampa y sus gauchos, si no también un compendio de filosofía popular. Fue periodista, diputado, ministro de Hacienda, y resumió sus experiencias de hombre de campo en una obra en prosa titulada Instrucción del Estanciero.-
Estanislao del Campo: Poeta argentino (1834-1880)Intervino en las luchas civiles, fue periodista e hizo popular el seudónimo de Anastasio el Pollo. Su mejor obra es Fausto, un poema gauchesco, de tono agudo y festivo, y con notable sentido de observación, que se menciona entre obras fundamentales de este género de literatura.-
Rafael Obligado: Poeta argentino (1851-1920), uno de los más notables representantes de la poesía gauchesca en lengua culta. Logró en su poema Santos Vega la interpretación más acabada y artística de este legendario personaje.-
*****
PRIMERA PARTE
I
Después de una eternidad
de nuevo al pago regreso,
estuve cien años preso,
entre páginas dormido,
pero el destino ha querido
liberarme de ese encierro.
He soportado el destierro
como un triste presidiario,
y ha sido como un calvario
estar tanto sin cantar,
hoy quiero otra vez lanzar
mis coplas como un rosario.
Y qué sorpresa he tenido
cuando hallé la libertad,
el campo ahora es ciudad,
los caminos polvorientos
hoy son rutas de cemento
de una vasta inmensidad.
Quise ponerme a payar
como antes en pulperías,
templé la guitarra mía
y el encordado afinando
busqué un boliche cantando,
y eran todas whiskerías.
Pude ver que los mocitos,
juventud de la de ahora,
otras músicas adoran,
no les importan los “cantos”
y enorme fue mi quebranto
no me dieron ni la hora.
Saqué al ruedo una tonada
mas todo seguía igual,
como me miraban mal
ahí no más cambié de tema,
“hay que aguantar”, es el lema,
“a que amaine el temporal”.
Y pensar que en otro tiempo
nunca daba un paso atrás,
tener que arrugar, jamás,
siempre firme hacia adelante,
para esas cosas de aguante
siempre he sido muy capaz.
Ya nada ahora es igual,
hoy nunca por una ofensa
se intenta alguna defensa,
puros insultos de lejos,
pero arriesgar el pellejo
ni estando ebrio se piensa.
Mas he de seguir contando
que en aquella whiskería
la muchachada reía
por mi presencia, seguro,
¡ahijuna! que ha sido duro…
no haber entrado querría.
La tonada no prosperó
entre gente tan baguala,
puse a rodar la vidala
para atacar con tristeza,
canto que es una belleza,
música que no se iguala
Otra vez esas miradas
como sobrando mi intento,
no les gustó este portento
que de las cuerdas salía
evocando lejanías
que alumbran el pensamiento.
Entonces caí en la cuenta
que el modernismo de ahora,
no retiene, no atesora
los valores del pasado…
y me largué resignado
como alma que en pena llora.
En mis tiempos de payador
de decir sencillo y claro,
de tener sólo el amparo
de mi poncho y mi guitarra,
ni me pusieron amarras…
ni mis trinos silenciaron.
Muchos criollos escucharon
altamente complacidos
mis cantos adormecidos
que a través de la memoria
iban contando la historia
de tiempos que ya se han ido.
Pero mis versos dolidos
donde retrato mis penas
son las oraciones buenas
con que pretendo rezar…
y otras veces reflejar
tantas desdichas ajenas.
Llevo el cantar en las venas
desde el día que he nacido,
y con pasión he vivido
mis cantos desparramando
¡quisiera morir cantando…
es mi sueño preferido!
Sueños de Cantor
Estoy atado a mis sueños,
a mis sueños de cantor,
por eso con mi guitarra
voy cantando con fervor.
Desde que he nacido tengo
el alma de trovador
porque me gusta cantarle
a la dicha y al amor.
A la fe y a la esperanza,
al cariño y al dolor,
y a todos los sentimientos
que abrigo en mi corazón.
Me gusta cantarle al viento,
a los pájaros, al sol,
a los ríos, a los montes
y a los sembrados en flor.
A las huellas que transito,
al pago que atrás quedó,
y al amigo que es amigo
de este pobre payador.
Me gusta cantarle a aquello
que tenga alguna razón
de estar presente en el mundo
que sabiamente hizo Dios.
Es por eso que pretendo
que se transmita en mi voz
los pensamientos que tengo
grabados en mi interior.
Mi fortuna está en el canto
que es mi luz y mi calor…
¡Por eso es que estoy atado
a mis sueños de cantor!
JULIO JORGE FARAONI
